## 🇦🇷 Sociedad y salud Buenos Aires.— Sergio Daniel “Chiquito” Gómez tiene 40 años, mide 2,28 metros y vive con gigantismo, una condición asociada a la secreción excesiva de la hormona del crecimiento por la hipófisis. Es considerado el hombre más alto de la Argentina y necesita ayuda para afrontar el tratamiento y los gastos cotidianos. “No muerdo, soy una persona común y corriente, soy de carne y hueso como todos”, dice cuando nota que la gente lo observa en la calle. Nació el 21 de enero de 1986 en Candelaria, Misiones.
A los 18 años viajó solo a la Ciudad de Buenos Aires para buscar trabajo, porque, según recuerda, en su provincia no encontraba empleo. “Vine acá para laburar en un estacionamiento”, contó en una entrevista con la Agencia Noticias Argentinas. Perdió a su madre cuando tenía apenas tres meses de vida. Gómez estuvo casado durante 15 años con una mujer que conoció en Villa Lugano.
Después de la separación, quiere completar los trámites de divorcio y proyecta tener una casa y un vivero. Actualmente ocupa una habitación pequeña en una pensión de Villa Devoto, con una cama hecha a su medida, televisor, placard, una canasta con manzanas, pava eléctrica y dispenser. Calza 56 y debe estar atento a los techos para no golpearse, aunque se desplaza sin dificultades.
El alquiler de la habitación cuesta 550.000 pesos y Gómez recibe una pensión por discapacidad de 380.000. La diferencia de 170.000 pesos, antes de afrontar cualquier otro gasto, le impide cubrir el alojamiento y lo lleva a pedir colaboración para sostener su estadía. Su objetivo es mudarse a un departamento o a un espacio más amplio donde pueda desenvolverse y cocinar.
En la pensión encontró compañía en dos vecinos, un carnicero y un cocinero, con quienes suele almorzar en el buffet del lugar. Cuenta que se levanta temprano, prepara té y que necesita compartir el mate con alguien: “Si estoy con más personas, tomo dos o tres termos”. Su historia quedó ligada también a Martina, una mujer oriunda de Eldorado que llegó a conocerlo después de escuchar que estaba internado y solo en el Hospital Argerich.
Ella había visto una entrevista al padre de Gómez, quien buscaba saber cómo estaba su hijo y qué necesitaba. El testimonio incluía un número de teléfono, y Martina decidió acercarse al centro de salud de La Boca. Al preguntar por “Chiquito”, nadie lo identificó por ese apodo.
Entonces llamó al padre y le avisó que estaba en el hospital para darle noticias. “Se emocionó, empezó a llorar”, recordó. Como todavía faltaban varias horas para el horario de visitas, le pidió permiso a una enfermera para verlo. Explicó que era misionera y que quería ayudarlo, aunque fuera llevándole algo para comer.
Martina también vive en Buenos Aires por el tratamiento de su hija, que tiene hidrocefalia. Contó que se mudó desde Misiones porque, cuando la niña necesitó atención neurológica, la disponibilidad de especialistas en la provincia era muy limitada. Con el tiempo, su vínculo con Gómez se convirtió en una relación de apoyo mutuo.
Él la llama su “hermana del corazón” y dice que la considera su “ángel”. Antes de llegar a la pensión, Gómez atravesó una situación de calle y vivió en un depósito que se inundaba durante la madrugada. “Parece que subía la napa de la cloaca. No me podía levantar, no quería, estaba postrado”, relató.
Luego permaneció internado durante dos meses y medio en el Argerich. Durante ese período llegó a tomar 14 pastillas por día y a pesar 80 kilos; recibió el alta en agosto. Actualmente toma medicación para las convulsiones, pero necesita dos inyectables que, según Martina, son indispensables para tratar su cuadro.
Uno cuesta 7.500.000 pesos y el otro, 280.000. La mujer indicó que uno se aplica cada 28 días durante dos días y el otro cada cuatro meses, para descomprimir el tumor que afecta el cerebro. También advirtió que la acromegalia avanza y está comprimiendo esa zona.
Los medicamentos requeridos son undecanoato de testosterona, de 1.000 miligramos, y somatostatina octreotida, de 20 miligramos. Martina difundió el alias Chiquito.2140, de Cuenta DNI, para quienes quieran colaborar con los gastos. Gómez explicó que, cuando lo miran de arriba abajo o le piden una foto, intenta hacerles saber que es una persona como cualquiera.
Su aspiración a largo plazo es montar un vivero, porque le gustan las plantas; por ahora, la prioridad es conseguir las inyecciones y mejorar su calidad de vida. Los traslados también requieren planificación. Martina señaló que los autos de aplicaciones suelen ser demasiado pequeños para llevarlo cómodamente, por lo que Gómez prefiere viajar en colectivo.
Entre otros recorridos, toma la línea 53 para ir al Hospital Argerich, donde se realiza estudios de rutina.










