## 🌍 Panorama Internacional Brasil celebrará este domingo la segunda vuelta electoral, en la que más de 158 millones de votantes decidirán si Flávio Bolsonaro reemplaza en la Presidencia a Luiz Inácio Lula da Silva o si el actual mandatario continúa en el cargo. Bolsonaro llegó primero en la votación del pasado 4 de octubre, pero la disputa definitiva aparece prácticamente empatada en las encuestas. En la primera vuelta, Flávio Bolsonaro obtuvo el 47% de los votos y Lula, el 45%.
El voto nulo quedó en tercer lugar entre las 13 candidaturas. Augusto Cury se ubicó tercero; Renan Santos, cuarto; y Ronaldo Caiado, quinto. En conjunto, esos tres candidatos reunieron cerca del 9% de los sufragios, un caudal que, junto con los votos en blanco y nulos y la participación de quienes no asistieron a las urnas, podría inclinar el resultado.
La elección se desarrolla en un país de gran peso económico y estratégico, con una extensa actividad agrícola y abundantes recursos naturales. Brasil cuenta con tierras raras, amplios recursos hídricos y enormes reservas de petróleo, factores que también sostienen su relevancia en la región y en los mercados internacionales. La disputa por el voto incluye a los habitantes de las favelas de Río de Janeiro, donde viven más de 2,1 millones de personas, y al electorado religioso, un sector en el que Bolsonaro parte con ventaja, según el análisis de la campaña.
La Justicia electoral brasileña, además, puso especial atención en garantizar la participación de los votantes indígenas. También se considera relevante el sufragio de los brasileños residentes en otros países, incluida Argentina, donde vive una comunidad numerosa que volverá a votar. El resultado tendrá implicancias para la orientación política de Sudamérica.
Lula es uno de los pocos mandatarios de izquierda que permanecen en la región y defiende el multilateralismo, con la intención de que Brasil mantenga el diálogo y el comercio con distintos países. China, competidora de Estados Unidos en varios ámbitos, ha sido durante mucho tiempo el principal socio comercial brasileño. Flávio Bolsonaro, por su parte, forma parte de una derecha regional en crecimiento y se encuentra alineado, de acuerdo con el texto de campaña, con los gobiernos de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú, caracterizados allí como afines al presidente estadounidense Donald Trump.
Los observadores estiman que, si llega al poder, el candidato de 45 años podría mostrarse más dispuesto a hacer concesiones a Washington, como ya ocurrió durante el gobierno de su padre, Jair Bolsonaro, entre 2019 y 2023. La política exterior tuvo un lugar secundario en la campaña previa a la primera vuelta, pese a que el balotaje definirá si Brasil estrecha sus vínculos con Estados Unidos. Trump manifestó su preferencia por Bolsonaro, aunque en un tono menos explícito que el del presidente argentino, Javier Milei.
Washington, a su vez, impulsa una mayor influencia económica y militar en Sudamérica mediante la iniciativa Escudo de las Américas, centrada en combatir el crimen organizado. En julio, Trump impuso sanciones a un juez brasileño que había declarado a Jair Bolsonaro culpable de intento de golpe de Estado y lo había condenado a 27 años de prisión. Washington levantó las medidas después de negociar con Lula.
Flávio prometió indultar a su padre el día de su asunción, prevista para el 5 de enero de 2027, si gana la elección. El respaldo obtenido por su partido en ambas cámaras del Congreso podría facilitarle esa iniciativa. El Partido Liberal de Flávio Bolsonaro consiguió 28 de los 81 escaños del Senado y 121 de las 513 bancas de la Cámara de Diputados.
Nueve de los senadores de esa fuerza tienen mandato hasta 2030 y, en Diputados, el partido sumará 24 representantes respecto de los elegidos en 2022, según los cómputos electorales. Esa presencia legislativa podría darle al futuro gobierno mayor capacidad para avanzar con su agenda, aunque no elimina la necesidad de construir apoyos dentro del Congreso. La experiencia del anterior gobierno de Jair Bolsonaro también pesa en el debate sobre la relación con Washington.
Brasil renunció entonces a su estatus de “país en desarrollo” en las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio, a cambio de una promesa estadounidense de apoyar su ingreso a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). Trump también dijo que consideraba otorgar a Brasil “privilegios” de la OTAN, pero ninguna de esas promesas se concretó. Antes de la segunda vuelta, los candidatos participaron en dos debates.
Bolsonaro adoptó un tono confrontativo y señaló a su rival, mientras que Lula mostró que conservaba sus habilidades discursivas pese a su avanzada edad. En los últimos días de campaña, los equipos de ambos intentaron anular la candidatura del adversario, pero la Justicia electoral no anunció resultados de peso derivados de esas maniobras.










