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Lula busca un cuarto mandato en Brasil tras casi medio siglo en la política

Lula busca un cuarto mandato en Brasil tras casi medio siglo en la política

## 🌍 Panorama Internacional Luiz Inácio Lula da Silva, presidente de Brasil, tiene 80 años y casi medio siglo de trayectoria política. Fundador del Partido de los Trabajadores (PT), se prepara para buscar este domingo un inédito cuarto mandato presidencial, en una elección polarizada frente al dirigente de derecha Flávio Bolsonaro. El intento llega después de que Lula quedara segundo en la votación regular, cuyo ganador fue Bolsonaro el 4 de octubre, y con encuestas que, según el panorama previo descrito, le resultaban desfavorables.

El contexto regional tampoco parece favorecerlo: el avance de las derechas en América del Sur coincide con el respaldo político que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, brinda a su rival. La historia personal de Lula está ligada al trabajo industrial. De origen humilde, en su juventud se desempeñó como tornero mecánico y perdió parte del dedo meñique de la mano izquierda en un accidente laboral ocurrido en una fábrica, según el archivo de la Agencia Noticias Argentinas.

Durante la dictadura militar brasileña fue uno de los principales organizadores de las grandes huelgas obreras, que pusieron en jaque al régimen y contribuyeron a acelerar su caída. Aquel recorrido sindical lo llevó a convertirse en el primer presidente brasileño de origen obrero. Antes de llegar al cargo, sin embargo, sufrió derrotas en las elecciones presidenciales de 1989, 1994 y 1998.

Su victoria llegó en 2002 y, cuatro años más tarde, consiguió la reelección. Al asumir el 1 de enero de 2003, Lula contaba con un respaldo electoral del 61%, de acuerdo con los datos citados en el archivo. Su primer gobierno impulsó reformas de orientación izquierdista y registró baja inflación, un fuerte crecimiento del producto interno bruto (PIB), reducción del desempleo, una distribución más amplia de los ingresos y mejoras en la balanza comercial.

También promovió las exportaciones y la creación de microcréditos. Una de sus decisiones económicas más destacadas fue anticipar la cancelación de las deudas con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial. La medida coincidió con una orientación que, en la Argentina, también impulsaba el entonces presidente Néstor Kirchner.

Entre 2003 y 2010, los ingresos del 10% más pobre de la población brasileña crecieron un 8% anual, por encima del ritmo de expansión de la economía y del aumento de los ingresos del 10% más rico, que fue del 1,5%. En paralelo, el PIB anual pasó de 0,50 billones de dólares en enero de 2003, cuando Brasil ocupaba el puesto 13 entre las economías nacionales, a 2,6 billones en enero de 2011, cuando Lula dejó la Presidencia y el país había subido al sexto lugar. En el área social, el Gobierno puso en marcha Fome Zero —Hambre Cero—, un programa que facilitaba a las familias indigentes el acceso a alimentos básicos mediante asistencia social.

Durante el primer mandato de Lula, la desnutrición infantil se redujo un 46%. En mayo de 2010, el Programa Mundial de Alimentos de la ONU le concedió el título de “campeón mundial de la lucha contra el hambre”. Su popularidad resistió también el escándalo del “mensalao”, una trama de pagos ilegales en la Cámara de Diputados que estalló en 2005 e involucró a legisladores del PT, el Partido Popular Socialista, el Partido Laborista Brasileño y otras agrupaciones.

En los comicios de 2006, Lula obtuvo el 48% de los votos frente al 41% del socialdemócrata Geraldo Alckmin. En la segunda vuelta se impuso con el 60,82% de los sufragios, más de 58 millones de votos. Años después, la Operación Lava Jato destapó un esquema de sobornos que derivó en el juicio político a Dilma Rousseff en 2016.

Lula fue condenado por corrupción en 2017 en una causa relacionada con un apartamento de lujo frente a la playa que, según los fiscales, la constructora OAS le había prometido a cambio de favores. Dos años más tarde, la Corte Suprema lo absolvió por unanimidad en una de las causas. Al salir de la sede de la Policía Federal en Curitiba, Lula declaró: “No encarcelaron a un hombre.

Intentaron matar una idea. Pero no se puede matar una idea”. En 2022 volvió a competir por la Presidencia y ganó por un margen de 1,8 puntos —unos 2,1 millones de votos—, en la elección presidencial más ajustada de la historia de Brasil.

La gestión actual del mandatario del PT también estuvo marcada por choques diplomáticos con Estados Unidos durante el gobierno de Trump, en particular por los aranceles y las prácticas comerciales. Este año, Trump impuso nuevos gravámenes a productos brasileños, incluido un arancel del 25% a algunos artículos, bajo el argumento de que existían prácticas comerciales desleales. Lula rechazó esa acusación y respondió: “Brasil no es el patio trasero de nadie”.

En la campaña por la reelección, el presidente cuenta además con el apoyo de figuras de la música brasileña. Caetano Veloso, Gilberto Gil, Chico Buarque y Geraldo Azevedo interpretaron un jingle a su favor, bajo el lema “Bora, Lula” —“Vamos, Lula”—. Aun así, deberá convencer a un electorado en el que el llamado “voto religioso” tiene un peso importante y constituye un desafío para su candidatura.

Las huelgas de 1978 dieron proyección nacional a Lula como dirigente, recordó el sitio RFI al visitar la primera fábrica en la que trabajó. Wellington Damasceno, actual presidente del sindicato, definió su ascenso como “un honor y un orgullo”, porque “era un trabajador como ellos y ascendió a la presidencia de la República de Brasil, el cargo más importante”. En la fábrica aún lo recuerdan con afecto, aunque también reconocen que al PT le falta relevo generacional.

Entre los trabajadores persiste, además, el temor de que un eventual Gobierno de Bolsonaro desmonte la estructura de leyes laborales del país. Vinculan esa preocupación con lo ocurrido durante la presidencia de Michel Temer, cuando se aprobó la reforma laboral de 2017.

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